Confiabilidad de la Equinox
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Cómo una Equinox heredada me enseñó el verdadero significado de la confiabilidad

Por Chelsea Fagan

 

Nunca sabes cuánto necesitas un auto hasta que no lo tienes. Cuando mi primer auto, el adorado pequeño compacto que llegué a amar y en el cual confiaba, de repente no sirvió más, todo se frenó de golpe. ¿Cómo iba a hacer para llegar a la escuela? ¿Al trabajo? ¿Al supermercado? Teniendo en cuenta que el transporte público en esta zona está lejos de ser ideal, y que los caminos locales aptos para bicicletas no me llevarían hacia donde tenía que ir, rápidamente comencé a buscar un nuevo auto.

Mi tía, que vive a varios estados al norte, oyó mi dilema y me ofreció ayuda. She'd recently purchased a new family car, leaving unused their tried-and-true Equinox. Estaba un poco maltratado, ya que el asiento trasero soportó varias años de zapatillas de niños embarradas después de los partidos de fútbol, y no tenía todas las comodidades llamativas del auto nuevo que imaginaba conducir con estilo, pero funcionaba bien y era muy confiable. Yo necesitaba un auto y ella tenía uno para darme.

Rápidamente arreglamos que yo viajaría y pasaría un fin de semana largo allá así tenía tiempo para acostumbrarme a conducir algo que no era tan pequeño como mi auto compacto. La cosa fue que mi tía y yo hacía algunos años que no nos veíamos. Cuando vives lejos y tienes familias numerosas (con niños de diferentes edades), juntarse puede resultar difícil. Había una sensación de ansiedad en mi estómago mientras me preparaba para el viaje. ¿Se acordarían de mí los niños? ¿Me llevaría bien con todos? ¿Sería difícil volver a conectarse ahora que ya soy una adulta?

Pero cuando llegué, parecía como si no hubiera pasado el tiempo. Nos sentamos para disfrutar de una barbacoa, reímos en el porche toda la noche y caminamos por su ciudad pequeña y encantadora. Mientras tanto, aprendí a conducir un auto cuyo tamaño era dos veces superior al que estaba acostumbrada a conducir. Pude sentir, en su tapizado, su forma de andar y su sonido, que era un auto familiar. Era un auto amado, cuidado y resistente, porque las personas se tomaron el tiempo para tratarlo bien. No tenía los problemas ni golpes preocupantes que algunas veces acompañan a los años y el millaje de un auto, especialmente uno utilizado para viajes cortos frecuentes por la ciudad. Tenía un andar muy suave. Además, aunque aprender a estacionar en paralelo y cruzar intersecciones fue difícil al principio, me sentí bien detrás del volante con una familia que se preocupaba por mí y me ayudó cuando más lo necesitaba.

Había mucho por aprender en ese viaje, mucho más que hacer giros de tres puntos con un vehículo grande en una pequeña calle lateral suburbana. Reunirme con mis primos nuevamente después de tanto tiempo, dar largos paseos con mi tía que tenía mucha paciencia para enseñarme a conducir y era muy divertida para charlar y disfrutar de un fin de semana lejos como una verdadera adulta joven; todo se sintió nuevo y familiar al mismo tiempo. A pesar que no haberles enviado regalos de Navidad ni llamarlos con frecuencia para saber cómo estaban (algo por lo que me sentí muy avergonzada cuando me encontré con su generosidad), seguía siendo de la familia. Aún así estaban ahí para ayudarme, para enseñarme lo que debía saber. Y la renovada relación que conseguimos luego de ese fin de semana fue un verdadero regalo.

Espero algún día hacer lo mismo por alguien, aún si no puedo ofrecer un auto tan lindo como esa Equinox o ser tan buena maestra detrás del volante como fue mi tía.

Los autos y las familias tienen algunas cosas en común: vivimos dentro de ellos y dependemos de ellos; nos cuidan a cambio del cuidado que les brindamos a ellos. Así como mi Chevrolet me llevó a cada destino sin fallarme por varios años más, mi familia extendida estuvo ahí cuando más la necesité.

Chelsea Fagan es editora en Thought Catalog. Sus artículos han sido publicados en Le Monde, Grantland y The Atlantic, entre otros. Su nuevo libro, "I'm Here for the WiFi: A Complete Guide to Reluctant Adulthood", será publicado este año por Running Press. En Twitter, ella es @Chelsea_Fagan.


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